CharlyBarny

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Jurassic world: el reino caído

26/06/18

EL REINO PERDIDO. Cada vez que termino de ver una nueva entrega de la saga de Jurassic Park (esta es el quinto capítulo), vuelvo a sorprenderme saliendo del cine fascinado por lo que he visto. Con aire crítico podría decir que vi más de lo mismo. Sin embargo no es así. Cada capítulo de la saga, sobre todo estéticamente, es diferente al anterior.
En esta nueva versión, la novedad es que la trama transita hacia una situación de encierro. A diferencia de los guiones anteriores, este film no se desarrolla a cielo abierto y en pleno contacto con la naturaleza. El director español Juan Antonio Bayona, especialista en el género de terror y suspenso, responsable de aquel éxito llamado El Orfanato, ha sido el elegido para mantener la vigencia de la franquicia. Para ello, transforma al nuevo producto de la factoría Spielberg en un cuento de terror gótico. A diferencia de las anteriores entregas, Bayona encerrará la mayor parte de las acciones en una enorme mansión habitada por solo 4 personas, una de ellas, la inquieta niña de 7 años nieta del anciano ricachón que aporta fondos para la manutención de la Isla Nublar. No faltará en el conjunto, la nodriza de la niña y el inescrupuloso secretario del anciano.
Otra consideración a tener en cuenta es que la discusión científica y los prejuicios morales relacionados con la clonación de células desaparecen del centro de discusión de ideas que se planteaba en las entregas anteriores. El aggiornamiento de la da discusión ahora conduce lisa y llanamente a la cuestión mercantilista. La clonación como un negocio que termina en una millonaria subasta de dinosaurios.
El Reino Perdido comienza de forma convencional siguiendo los lineamientos de las películas anteriores. Ante una erupción volcánica en la Isla Nublar, la científica Claire y el domador de dinosaurios Owen Grady parten hacia allí para tratar de rescatar y salvar los dinosaurios que la habitan, con especial interés de rescatar un ejemplar del Blue Raptor. Pero a partir de ello, los guionistas Colín Trevorrow y Derek Connolly comienzan a atrapar a los personajes en torno a diferentes situaciones de encierro. Esto le viene como anillo al dedo a Bayona, un director con mucho oficio en el género que aprovecha cada una de las situaciones que le sirve el guión permitiéndole un notable lucimiento personal dotando al film de una identidad particular sin dejar de respetar el modelo de la saga.
Bayona desarrolla el encierro en tres etapas: 1) El escape de los protagonistas de la isla, en la que introduce a los personajes en una esfera submarina que se transforma en una trampa casi mortal para ellos. 2) El viaje hacia el continente en un barco cargado de soldados y dinosaurios enjaulados cuyo destino los protagonistas desconocen, donde deben viajar escondidos como polizones. Y 3) El encierro en la mansión del millonario y benefactor Benjamín Lockwood, donde Bayona luce todas sus destrezas narrativas montando la escena de una subasta de dinosaurios totalmente surrealista que dota al capítulo de una identidad propia que definitivamente lo diferencia de la saga, donde las ambiciones materialista dan lugar al reino de la excentricidad de millonarios que pujan con millones de dólares para quedarse con un ejemplar clonado que destaque en sus zoológicos particulares.
Más allá de esos logros, las dos horas de duración del film se pasan volando porque básicamente estamos ante un entretenimiento en su estilo más puro. Y ello no es de extrañar dado que detrás de todo ésto se encuentra la inspiración de un maestro como Steven Spielberg, productor ejecutivo de la película. En el campo de lo nostálgico y del homenaje a una saga que cumple 25 años debemos destacar también dos aspectos: Hay dos apariciones de Jeff Goldblum como el Dr. Ian Malcolm y hacia el final, Michael Giacchino, autor de la banda sonora incluye en el tema principal una estrofa del tema musical de Jurassic Park de John Williams.
No obstante lo comentado, la saga mantiene vigente el mensaje de la serie en torno de que la vida busca a la vida, y si esa vida es una criatura agresiva, no importa dónde esté, se defenderá violentamente para preservarse. Existe un orden natural de las cosas que obliga a que toda manipulación genética debe realizarse con el debido respeto tratando de preservar ese mismo orden.

El gran showman cine

06/04/18

EL GRAN CIRCO. Es una película muy agradable de ver que remite a las vieja películas sobre el circo de la década del 50, tales como El Fabuloso Mundo del Circo, donde John Wayne, Claudia Cardinale y Rita Hayworth nos llenaban de acción, aventuras y romances.
Aquí el relato adquiere características de un musical donde a través de un grupo de muy buenas canciones, una de las cuales fue candidata a la mejor canción en la ultima entrega de los Oscars, se relata la vida de un empresario teatral que después de ser despedido de su trabajo decide crear un circo de personas raras, como la Mujer Barbuda, o el Hombre más Alto del Mundo saliendo de la quiebra y alcanzando un éxito impensado que lo transforma en el empresario teatral más importante del siglo 19.
La película destaca fundamentalmente por el carisma de Hugh Jackman, muy bien acompañado por Michelle Williams y Zac Efron, y especialmente en lo musical por la voz de Rebecca Ferguson como la cantante Jenny Lind.
Dirigida por Michael Gracey, destacando en los números musicales, la película rescata el espíritu emprendedor y cuenta propista tan necesario en esta época, donde falta trabajo y la situación del despido esta a la vuelta de la esquina.

Ready player one

06/04/18

LA REALIDAD ES LO ÚNICO REAL. El cine de Stephen Spielberg está regido por la mirada del asombro, ello hace que cada vez que estamos ante una de sus películas, de una forma u otra, volvemos a sentirnos niños frente a su propuesta. Esa mirada recorre casi todo su cine, incluso su cine más serio, aquel que ha narrado desde acontecimientos históricos como La Lista de Schindler o Lincoln o las fantasías más increíbles como las de ET o Jurasic Park. Siempre en él hay un elemento que conduce a nuestro asombro.
En Ready Player One esa mirada también está presente desde la primera hasta la última escena. Al principio, recreando un mundo absolutamente decadente en la ciudad de Columbus, Ohio en 2045, y luego, durante el desarrollo de la trama, mostrando un mundo virtual al que nos sumerge desde el juego que da título a su película.
La trama es simple aunque a la vez, compleja. Se trata de encontrar al creador del juego, que ya muerto en la vida real, vive en forma virtual dentro del juego donde esconde un secreto que develará una fortuna para el ganador del mismo. Quien encuentre las tres llaves perdidas en el laberinto virtual, encontrará al creador, y con él, su fortuna personal. El juego se llama Oasis y su creador, James Hallyday. El ganador se transformará en nuevo el dueño de Oasis y en el hombre más rico de ese mundo decadente y real.
Los personajes eligen su avatar dentro de un juego donde buenos y malos compiten por un premio expresando todo aquello que cada uno hubiera querido ser. Así Wade Watts se transforma en Percival, un personaje que alude a los Caballeros de la Mesa Redonda del Rey Arturo en busca del Santo Grial. En el nombre hay una búsqueda de la luz.
Spielberg maneja este material con su maestría y habilidad habitual. No deja de asombrar su capacidad para pasar del mundo real al mundo virtual y viceversa sin que se noten caídas en el ritmo narrativo ni confusiones conceptuales respecto de las dos realidades que simultáneamente está manejando.
También es impresionante su viaje por el tiempo y su estadía en los años 80, con un explícito homenaje a Stephen King y a su obra El Resplandor, como así también a Stanley Kubrick y la recreación cinematográfica de algunas escenas de la película como la ola de sangre saliendo de los ascensores, el terror de la madre en la bañadera y el final en el laberinto, al a vez que pasa revista a los mayores iconos de esa década, incluyendo temas musicales de Duran, Duran, Prince o Van Halen.
No obstante la calidad formal y conceptual de la obra que indudablemente marcará un hito, cabe preguntarse en que categoría calificaremos ese hito. Porque claramente, y aunque lo parezca, no es un film de ciencia ficción sino un cine sobre la futura realidad de una época y la posibilidad de meternos en una realidad paralela como la realidad virtual que es todo un hecho (ciertas estadísticas y predicciones no alumbran un mundo mejor sino decadente y empobrecido).
Hacia el final, Spielberg, casi como un abuelo que acaba de mostrar su maestría cinematográfica realizando una obra trascendente, coloca en pantalla una especie de aviso en el cual advierte sobre los peligros de sumergirnos en la realidad virtual e ignorar la realidad real. Es que el film presenta una cruel paradoja en la cual la realidad que describe es absolutamente desechable y por el contrario, la realidad virtual no solo nos deparará alegría sino que nos transformará en héroes y nos llenará de felicidad, incluso nos permitirá ser millonarios. Es como poder tener una doble vida en la cual por un lado podemos ser unos pobres desgraciados, y por el otro, ser capaces de vivir una vida absolutamente excitante como héroes de una novela, triunfar en un juego y ganar dinero. Dos mundos que se oponen tal como ocurre con el consumo de drogas. Esto nos lleva a preguntarnos qué tan dependientes nos volvemos de esa realidad virtual como dependientes nos volvemos de sustancias toxicas ignorando la realidad de cada día a la vez que dejamos de ser nosotros mismos. Sin lugar a dudas, el viejo maestro, además de entretener durante más de dos horas, me dejó pensando.

La bicicleta verde

26/03/18

HERMOSA JUVENTUD. Más allá de ser el primer film saudita que se estrena comercialmente en Buenos Aires, es también el primer film de origen árabe dirigido por una mujer. Y esa característica femenina se nota en toda la película porque la película toda es una comedia ligera en torno de la condición de la mujer en el islam.



Haifa Al- Mansour, hija de un conocido poeta árabe, esposa de un diplomático estadounidense, con formación cinematográfica realizada en el Sundance Institute en USA, reconoce todas esas influencias que vuelca en una película de sólido y sostenido ritmo narrativo, capaz de transformarse en una interesante crítica social.


En lo exterior, en la superficie del relato, el film de Al-Mansour cuenta un momento en la vida de Wadjda, una niña de unos 14 años, quien con algunos problemas escolares, ve la oportunidad de superarse a través de su participación en un concurso escolar contestando preguntas sobre el Corán, cuyo premio en dinero, le facilitaría la compra de la bicicleta color verde que desvela sus sueños. Pero en lo interior, el film va más allá y describe una sociedad llena de prejuicios morales, donde se rebela el rol secundario de la mujer.



Rápidamente queda en claro que la bicicleta que tanto ansía Wadjda no es algo bien visto para una niña. Por lo tanto, la bicicleta es la representación de lo prohibido. Es algo que deja a la vista un mundo de prejuicios sociales que perturba a la sociedad saudita. Por otro lado, Wadjda se transforma en una observadora, una testigo de las conductas de sus padres. Mientras su padre cumple su rol de tal con Wadjda, a la vez opera como un marido ausente para con su madre. Es que su matrimonio está en crisis debido a que su esposa no es capaz de darle un hijo varón. En consecuencia, y dado que a los hombres se les permite tener varias mujeres, este hombre, simplemente, está en busca de una nueva mujer. Pero a su vez, la madre abandonada, mientras se desvive cuidando a Wadjda, trata denodadamente de reconquistar a su perdido marido. Así, la película va tomando un tono de ligera comedia costumbrista que va desnudando las conductas de los diferentes personajes, casi todas alteradas por la rigidez religiosa imperante.

La Bicicleta Verdad (Wadjda en su original) es una película entretenida y profunda. Contada como comedia costumbrista, se transforma en una crítica social importante que trasciende las fronteras de su propio universo.

Una vida a lo grande (downsizing) cine

26/03/18

UN TRASPIE QUE NO ES CAÍDA. Alexander Payne es el gran guionista y director de Entre Copas, Los Descendientes y Nebraska, por citar tan solo sus trabajos que más me gustaron y por otra parte lo hicieron conocido o le dieron la fama que hoy le permite trabajar con un gran presupuesto para la Paramount en esta nueva y floja nueva película suya cuyo título en castellano no traduce literalmente el fenómeno de empequeñecimiento del cual verdaderamente trata la película. Un film que con ritmo de comedia bien podría instalarse en la ciencia ficción.
El film dura 2 horas y 15 minutos, pero lo único rescatable e interesante son los primeros 30 minutos donde plantea el tema de la miniaturización. Después de eso, la nada. La idea es que los miniaturizados se vuelven ricos porque consumen solo una centésima parte de lo que les demanda una vida normal. Pero como mantienen sus recursos, la miniaturización es negocio puro. En lugar de trabajar pueden dedicarse al ocio. Sus vidas, entonces, se vuelve disipada y viven de fiesta en fiesta aunque en esa pequeña sociedad de la abundancia se mantienen las diferencias sociales. Es decir, algunos son más ricos que otros.
Si el film pretende ser una crítica contra el capitalismo más salvaje, me parece un tanto ridícula. La sociedad de la abundancia que aparece en el pequeño mundo ideado por Payne es un sinfín de fiestas, baile, sexo, drogas, y alcohol. Parece una sociedad ociosa en la que cabría preguntarse hasta qué punto puede llevarse una vida de puro gasto sin renovar recursos. Claro esta que esta pequeña sociedad convive con la sociedad normal, en las que las diferencias sociales y las necesidades básicas continúan con alarmantes signos de insatisfacción que de alguna manera bien podría estar siendo financiada por los recursos ociosos de la sociedad miniaturizada. Pero esto es una simple especulación propia, la película ni siquiera lo insinúa.
En el tercio final, Payne se sumerge en el misticismo religioso y sus personajes emprenden una especie de viaje hacia la tierra prometida y la búsqueda de su creador, el físico noruego. La película de ciencia ficción que comenzamos viendo es ahora un film pretendidamente místico. La película cae en una nada bastante preocupante tratándose de un escritor y director tan notable como Alexander Payne. Deseo que sea solo un traspié de alto presupuesto. Con mucho, pero mucho menos, había logrado películas notables.

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