CharlyBarny

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Últimas críticas

El gran showman cine

06/04/18

EL GRAN CIRCO. Es una película muy agradable de ver que remite a las vieja películas sobre el circo de la década del 50, tales como El Fabuloso Mundo del Circo, donde John Wayne, Claudia Cardinale y Rita Hayworth nos llenaban de acción, aventuras y romances.
Aquí el relato adquiere características de un musical donde a través de un grupo de muy buenas canciones, una de las cuales fue candidata a la mejor canción en la ultima entrega de los Oscars, se relata la vida de un empresario teatral que después de ser despedido de su trabajo decide crear un circo de personas raras, como la Mujer Barbuda, o el Hombre más Alto del Mundo saliendo de la quiebra y alcanzando un éxito impensado que lo transforma en el empresario teatral más importante del siglo 19.
La película destaca fundamentalmente por el carisma de Hugh Jackman, muy bien acompañado por Michelle Williams y Zac Efron, y especialmente en lo musical por la voz de Rebecca Ferguson como la cantante Jenny Lind.
Dirigida por Michael Gracey, destacando en los números musicales, la película rescata el espíritu emprendedor y cuenta propista tan necesario en esta época, donde falta trabajo y la situación del despido esta a la vuelta de la esquina.

Ready player one

06/04/18

LA REALIDAD ES LO ÚNICO REAL. El cine de Stephen Spielberg está regido por la mirada del asombro, ello hace que cada vez que estamos ante una de sus películas, de una forma u otra, volvemos a sentirnos niños frente a su propuesta. Esa mirada recorre casi todo su cine, incluso su cine más serio, aquel que ha narrado desde acontecimientos históricos como La Lista de Schindler o Lincoln o las fantasías más increíbles como las de ET o Jurasic Park. Siempre en él hay un elemento que conduce a nuestro asombro.
En Ready Player One esa mirada también está presente desde la primera hasta la última escena. Al principio, recreando un mundo absolutamente decadente en la ciudad de Columbus, Ohio en 2045, y luego, durante el desarrollo de la trama, mostrando un mundo virtual al que nos sumerge desde el juego que da título a su película.
La trama es simple aunque a la vez, compleja. Se trata de encontrar al creador del juego, que ya muerto en la vida real, vive en forma virtual dentro del juego donde esconde un secreto que develará una fortuna para el ganador del mismo. Quien encuentre las tres llaves perdidas en el laberinto virtual, encontrará al creador, y con él, su fortuna personal. El juego se llama Oasis y su creador, James Hallyday. El ganador se transformará en nuevo el dueño de Oasis y en el hombre más rico de ese mundo decadente y real.
Los personajes eligen su avatar dentro de un juego donde buenos y malos compiten por un premio expresando todo aquello que cada uno hubiera querido ser. Así Wade Watts se transforma en Percival, un personaje que alude a los Caballeros de la Mesa Redonda del Rey Arturo en busca del Santo Grial. En el nombre hay una búsqueda de la luz.
Spielberg maneja este material con su maestría y habilidad habitual. No deja de asombrar su capacidad para pasar del mundo real al mundo virtual y viceversa sin que se noten caídas en el ritmo narrativo ni confusiones conceptuales respecto de las dos realidades que simultáneamente está manejando.
También es impresionante su viaje por el tiempo y su estadía en los años 80, con un explícito homenaje a Stephen King y a su obra El Resplandor, como así también a Stanley Kubrick y la recreación cinematográfica de algunas escenas de la película como la ola de sangre saliendo de los ascensores, el terror de la madre en la bañadera y el final en el laberinto, al a vez que pasa revista a los mayores iconos de esa década, incluyendo temas musicales de Duran, Duran, Prince o Van Halen.
No obstante la calidad formal y conceptual de la obra que indudablemente marcará un hito, cabe preguntarse en que categoría calificaremos ese hito. Porque claramente, y aunque lo parezca, no es un film de ciencia ficción sino un cine sobre la futura realidad de una época y la posibilidad de meternos en una realidad paralela como la realidad virtual que es todo un hecho (ciertas estadísticas y predicciones no alumbran un mundo mejor sino decadente y empobrecido).
Hacia el final, Spielberg, casi como un abuelo que acaba de mostrar su maestría cinematográfica realizando una obra trascendente, coloca en pantalla una especie de aviso en el cual advierte sobre los peligros de sumergirnos en la realidad virtual e ignorar la realidad real. Es que el film presenta una cruel paradoja en la cual la realidad que describe es absolutamente desechable y por el contrario, la realidad virtual no solo nos deparará alegría sino que nos transformará en héroes y nos llenará de felicidad, incluso nos permitirá ser millonarios. Es como poder tener una doble vida en la cual por un lado podemos ser unos pobres desgraciados, y por el otro, ser capaces de vivir una vida absolutamente excitante como héroes de una novela, triunfar en un juego y ganar dinero. Dos mundos que se oponen tal como ocurre con el consumo de drogas. Esto nos lleva a preguntarnos qué tan dependientes nos volvemos de esa realidad virtual como dependientes nos volvemos de sustancias toxicas ignorando la realidad de cada día a la vez que dejamos de ser nosotros mismos. Sin lugar a dudas, el viejo maestro, además de entretener durante más de dos horas, me dejó pensando.

La bicicleta verde

26/03/18

HERMOSA JUVENTUD. Más allá de ser el primer film saudita que se estrena comercialmente en Buenos Aires, es también el primer film de origen árabe dirigido por una mujer. Y esa característica femenina se nota en toda la película porque la película toda es una comedia ligera en torno de la condición de la mujer en el islam.



Haifa Al- Mansour, hija de un conocido poeta árabe, esposa de un diplomático estadounidense, con formación cinematográfica realizada en el Sundance Institute en USA, reconoce todas esas influencias que vuelca en una película de sólido y sostenido ritmo narrativo, capaz de transformarse en una interesante crítica social.


En lo exterior, en la superficie del relato, el film de Al-Mansour cuenta un momento en la vida de Wadjda, una niña de unos 14 años, quien con algunos problemas escolares, ve la oportunidad de superarse a través de su participación en un concurso escolar contestando preguntas sobre el Corán, cuyo premio en dinero, le facilitaría la compra de la bicicleta color verde que desvela sus sueños. Pero en lo interior, el film va más allá y describe una sociedad llena de prejuicios morales, donde se rebela el rol secundario de la mujer.



Rápidamente queda en claro que la bicicleta que tanto ansía Wadjda no es algo bien visto para una niña. Por lo tanto, la bicicleta es la representación de lo prohibido. Es algo que deja a la vista un mundo de prejuicios sociales que perturba a la sociedad saudita. Por otro lado, Wadjda se transforma en una observadora, una testigo de las conductas de sus padres. Mientras su padre cumple su rol de tal con Wadjda, a la vez opera como un marido ausente para con su madre. Es que su matrimonio está en crisis debido a que su esposa no es capaz de darle un hijo varón. En consecuencia, y dado que a los hombres se les permite tener varias mujeres, este hombre, simplemente, está en busca de una nueva mujer. Pero a su vez, la madre abandonada, mientras se desvive cuidando a Wadjda, trata denodadamente de reconquistar a su perdido marido. Así, la película va tomando un tono de ligera comedia costumbrista que va desnudando las conductas de los diferentes personajes, casi todas alteradas por la rigidez religiosa imperante.

La Bicicleta Verdad (Wadjda en su original) es una película entretenida y profunda. Contada como comedia costumbrista, se transforma en una crítica social importante que trasciende las fronteras de su propio universo.

Una vida a lo grande (downsizing) cine

26/03/18

UN TRASPIE QUE NO ES CAÍDA. Alexander Payne es el gran guionista y director de Entre Copas, Los Descendientes y Nebraska, por citar tan solo sus trabajos que más me gustaron y por otra parte lo hicieron conocido o le dieron la fama que hoy le permite trabajar con un gran presupuesto para la Paramount en esta nueva y floja nueva película suya cuyo título en castellano no traduce literalmente el fenómeno de empequeñecimiento del cual verdaderamente trata la película. Un film que con ritmo de comedia bien podría instalarse en la ciencia ficción.
El film dura 2 horas y 15 minutos, pero lo único rescatable e interesante son los primeros 30 minutos donde plantea el tema de la miniaturización. Después de eso, la nada. La idea es que los miniaturizados se vuelven ricos porque consumen solo una centésima parte de lo que les demanda una vida normal. Pero como mantienen sus recursos, la miniaturización es negocio puro. En lugar de trabajar pueden dedicarse al ocio. Sus vidas, entonces, se vuelve disipada y viven de fiesta en fiesta aunque en esa pequeña sociedad de la abundancia se mantienen las diferencias sociales. Es decir, algunos son más ricos que otros.
Si el film pretende ser una crítica contra el capitalismo más salvaje, me parece un tanto ridícula. La sociedad de la abundancia que aparece en el pequeño mundo ideado por Payne es un sinfín de fiestas, baile, sexo, drogas, y alcohol. Parece una sociedad ociosa en la que cabría preguntarse hasta qué punto puede llevarse una vida de puro gasto sin renovar recursos. Claro esta que esta pequeña sociedad convive con la sociedad normal, en las que las diferencias sociales y las necesidades básicas continúan con alarmantes signos de insatisfacción que de alguna manera bien podría estar siendo financiada por los recursos ociosos de la sociedad miniaturizada. Pero esto es una simple especulación propia, la película ni siquiera lo insinúa.
En el tercio final, Payne se sumerge en el misticismo religioso y sus personajes emprenden una especie de viaje hacia la tierra prometida y la búsqueda de su creador, el físico noruego. La película de ciencia ficción que comenzamos viendo es ahora un film pretendidamente místico. La película cae en una nada bastante preocupante tratándose de un escritor y director tan notable como Alexander Payne. Deseo que sea solo un traspié de alto presupuesto. Con mucho, pero mucho menos, había logrado películas notables.

Hasta el último hombre cine

21/03/18

EN LA PAZ, LOS HIJOS SEPULTAN A SUS PADR. En 1993 Mel Gibson salta a la dirección cinematográfica seguramente inspirado por los grandes maestros (George Miller, Peter Weir, y Richard Donner) que lo han dirigido en sus películas más exitosas, y realiza “El Hombre sin Rostro”, una película intimista y personal donde comienza a verse que la estrella tiene cosas para decir y sabe cómo decirlas. Años más tarde, en 1995 llega a su momento más exitoso como actor y director realizando “Corazón Valiente”, película que se alza nada menos que con los Oscars a la Mejor Película y a la Mejor Dirección. En 2004 decide filmar e interpretar la “Pasión de Cristo” y realiza uno de los films más controvertidos de la historia del cine, enseñando al mundo lo que es capaz de hacer. Dos años más tarde realiza “Appocalypto”, un fracaso y su estrella se apaga. Ahora vuelve a la dirección con “Hasta el Último Hombre”, un film que dará que hablar.

“Hasta el Último hombre”, es un muy personal film suyo que no podía dejar de ser otro film sumamente controversial. Lejos, muy lejos de ser un film antibelicista, narra la historia de un pacifista, un joven que no se niega ir a la guerra pero se niega a tomar las armas, pero está dispuesto a salvar vidas.

Con altibajos narrativos, muy marcados en el comienzo del film, a Gibson le cuesta sintetizar la vida de una familia y la niñez de dos hermanos que se crían como salvajes en el medio oeste americano, un medio sumamente religioso y respetuoso de las leyes familiares, donde impera la ley del revolver. El padre es un alcohólico héroe de la segunda guerra mundial, doblemente condecorado, y la madre una abnegada mujer que vive solo para su familia. Los muchachos crecen y el hijo mayor, Desmond (Andrew Garfield), quiere ser médico y se enamora de una enfermera de hospital (Doroty Schutte). Pero estalla la Segunda Guerra, y Desmond decide enrollarse en las filas del ejército.
Desde el momento que Desmond ingresa en el regimiento, la película se transforma. Gibson comienza a sentirse seguro de lo que está contando y asume verdaderamente la dirección de la película. Desaparecen tanto las convencionalidad del guión como su errática dirección previa. Un nuevo brío, una lucidez y una precisión que hasta aquí no había tenido el relato aparecen para narrar la vida en el cuartel, la aparente disciplina del cuartel y más tarde, la violencia y la muerte en medio de la guerra adquieren un primer plano absoluto en función de la repugnancia que deben provocar.

El film se transforma en una especie de fábula pacifista en el cual los cuerpos mutilados por la violencia del enfrentamiento bélico se mezclan con las acciones heroicas y hasta ciertamente ingenuas con que nuestro héroe, convertido en médico militar, asiste, recupera y salva a sus compañeros combatientes.

Cinematográficamente hablando, estamos ante un film coreográfico, donde no solo los cuerpos forman parte de un ballet cuasi gimnástico, sino que soportan una plasticidad de movimientos que el grupo de cámaras dirigidas por el talentoso Simon Duggan registra en ralentí, con un fondo difumado que asemeja la niebla, el polvo y los residuos provocados por las explosiones en el frente de combate. A ello debe agregarse el notable y preciso trabajo posterior de edición que compagina en forma esplendorosa el material filmado. La batalla de Okinawa se transforma en un ballet siniestro donde miles de americanos y japoneses mueren sin el menor sentido del respeto por la vida, ni mucho menos pensando que semejante masacre terminaría años más tarde en una tragedia mayor cuando los Estados Unidos deciden dar por finalizada la guerra haciendo explotar dos bombas nucleares en Nagasaki e Hiroshima.

También es magnífica la música de John Debney, que induce un clima envolvente, una especie de ensoñación recurrente, muy de acuerdo con las hipnóticas escenas bélicas, como así también son destacables las actuaciones de Hugo Waving, Teresa Palmer, Vince Vaughn que acompañan a los protagonistas.


En síntesis, estamos ante una obra despareja de Mel Gibson, pero contundente en su mensaje que no es ni pacifista ni antibelicista, sino humanista, un pedido de respeto por el ser humano, y sus creencias. No obstante, el film peca de cierta ingenuidad en su relato, pero logra imponer sus ideas más allá de las licencias que se toma para exponerlas volviendo increíbles algunas situaciones, especialmente las relacionadas con la disciplina militar, el manejo de las leyes militares y más tarde, el desarrollo del heroísmo del protagonista. Haciendo estas salvedades, el film es entretenido e interesante, aunque claramente, el nivel de violencia desarrollado no sea agradable para todos los gustos.

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